viernes, 21 de agosto de 2020

Vacuna contra el Coronavirus


Científicos chilenos trabajan en el desarrollo de una "vacuna candidata" para el COVID-19, comúnmente conocido como coronavirus, el proyecto convoca a investigadores de la Universidad Católica, el Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (IMII) y el Consorcio Tecnológico en Biomedicina Clínico Molecular (BMRS, por sus siglas en inglés).

Para este desafío, transferirán la experiencia acumulada en la última década en el desarrollo de vacunas contra el virus respiratorio sincicial (VRS) y el netapneumovirus humano (MPVh). El equipo liderado por el doctor Alexis Kalergis, director del IMII, espera contar con una vacuna candidata que deberá ser evaluada en estudios pre-clínicos y luego en estudios clínicos. 

"En base a la experiencia exitosa que hemos tenido el el IMII y la UC, con desarrollo de vacunas contra virus respiratorios, como el virus sincicial y el netapneumovirus, hemos decidido aplicar este conocimiento en el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus. Este será un trabajo conjunto entre la UC, IMII y BMRS" señaló el investigador, que lidera a un grupo de jóvenes científicos chilenos que serán parte del proyecto.

Kalergis es responsable de liderar el desarrollo de la vacuna contra el virus respiratorio sincicial, la primera inmunización de este tipo diseñada en el mundo, y del metapneumovirus, que actualmente se manufactura en más de 25 mil dosis en Estados Unidos. Ambos de  agentes virales son dos de los principales causantes de neumonía por infecciones respiratorias. 

Según el director del IMII, la fórmula utilizada exitosamente contra dichos virus podría ser también útil contra el covid-19.

"Pensamos que desde la ciencia chilena podemos aportar con una solución segura y concreta contra esta enfermedad que se está convirtiendo en una pandemia infecciosa", aseguró el académico de la Universidad Católica, quien confía en que este desarrollo ponga a este centro de excelencia en inmunizaciones contra virus en la vanguardia del conocimiento mundial.

No obstante, Kalergis indicó que los plazos para contar con una vacuna aplicable en la población son difíciles de anticipar. Sin embargo, de obtener resultados favorables en los estudios pre-clínicos y clínicos, una vacuna podría estar terminada entre 18 meses y tres años.

Riesgo invernal ad portas 

A la fecha, el coronavirus ha causado más de 2 mil 800 muertes y un total de 82.600 casos en 47 países; esta semana fue confirmada la primera muerte en América Latina (Brasil), mientras que el Ministerio de Salud ha confirmado que ha monitoreado más de 300 pacientes que potencialmente podrían haber hospedado el agente acá en Chile.


miércoles, 19 de agosto de 2020

Protestas post pandemia ¿Estallido Social 2.0?

 

Si no se realizan cambios estructurales al actuar de Carabineros en las calles frente a las manifestaciones sociales, es muy probable que ocurra un nuevo estallido. Tal vez no de forma masiva o en un solo territorio, pero los hechos de protesta por las condiciones políticas, sociales y económicas se harán sentir en las calles de una u otra forma. Las condiciones políticas que permitieron la apertura de un nuevo espacio de diálogo se ven reflejadas en el acuerdo político que nos llevó a un itinerario de cambio constitucional. Esta agenda no puede quedar empantanada por la pandemia; muy por el contrario, las transformaciones urgentes de la carta constitucional que permitirán construir un nuevo contrato social deben estar en la agenda de debate.

La pandemia tendrá consecuencias económicas y sociales profundas para América Latina. Si bien aún los pronósticos cambian de forma diaria, las visiones de la CEPAL o el Banco Mundial reconocen un retroceso de entre una a dos décadas en los logros de la lucha contra la pobreza y la desigualdad. 

Chile no es una excepción. A mediados de mayo de 2020 más de 459 mil trabajadores enfrentan suspensión de sus contratos, más de 17 mil reducción de sus jornadas, lo que impacta directamente sobre aquellos que tienen trabajos más precarios. Según datos del INE, el desempleo al mes de abril de 2020 alcanzó a 8,3% de hombres y 9,9% de mujeres, lo que se suma a una taza de ocupación informal que se situó en 26,3%. La información aparece de forma constante con un mensaje claro: los que menos tienen sufrirán más por las consecuencias de la pandemia.

Referimos a las bases del estallido del 2019 parece algo lejano en el tiempo. Mucho ha cambiado en menos de un año, pero también ha quedado igual o se ha magnificado. La pandemia presenta tazas más altas de infectados en las comunas más pobres, la pobreza extrema, que llegaba a 1,4% de la población, podría moverse, según estimaciones, entre 2,3% y 2,6%. CEPAL pronostica también que la pobreza que afectaba a 9,8% de la población el 2019, afectará entre 12,7% y 13,7% en el mediano plazo.

El hambre, la sobrevivencia y el frío, así como el trabajo infantil, el abandono escolar y la cobertura médica se instalarán en una agenda social que hace solo un año reconocía la necesidad de un cambio de modelo en Chile. Ahí donde se puso en duda el lucro con la educación, el negocio de la salud privada y los pésimos resultados del sistema privado de pensiones, ahora se reconocerá la necesidad de mecanismos estatales sólidos y permanentes para brindar estos bienes públicos con un Estado robusto, que sirva a la mayoría y que deje su rol subsidiario.

La pandemia además ha enfatizado en un tema central del estallido del 2019, la segregación de nuestras ciudades, el abandono de múltiples territorios, la inequidad con rostro de discriminación, maltrato y fragmentación. Vivir en la ciudad no es igual para todas y todos, la presencia de guetos verticales, así como de guetos de pobreza y explotación para la población migrante, son dos caras que por décadas nos negamos a ver. Tal vez estar en las cuidades más prometedoras o con la mejor calidad de vida para los negocios según rankings internacionales nos impidieron ver el rostro completo de la ciudad que construimos. Esa donde le tememos al distinto y desconfiamos del vecino; donde contaminamos con parque vehicular "del año" y concentramos las áreas verdes en pocas comunas.

El estallido social del 2019 nos llamó a reflexionar sobre un país que se produce a pesar de estas profundas grietas e inequidades. La pandemia no callará este llamado, por el contrario, es muy probable que lo amplifique, con la evidencia que dejará no solo en términos de enfermedades y fallecidos, sino también de cuidados y privilegios. Los sectores populares donde se concentró la pandemia y algunos hechos de violencia que ocurrieron en 2019 han sido los primeros en implementar ollas comunes, redes de asistencia ciudadana, y mecanismos colaborativos incipientes entre vecinos. Generalmente apoyados por los gobiernos municipales, han enfrentado la precariedad con dignidad, pero también con un claro sentido de abandono que se hizo evidente con los limitados apoyos entregados inicialmente, los llamados al encierro sin reconocer las dificultades del mismo y la situación de la mayoría de los centros de salud ubicados en sus comunas.

El estallido 2019 tubo como respuesta inicial un violento accionar policial que no escatimó en usar balines, bombas lacrimógenas y agua con químicos entre otras herramientas de lo que llamamos orden público. La protesta social tiene que ser entendida como un mecanismo legítimo de expresión de necesidades por parte de la población que no se siente representada por los partidos políticos o los gobernantes de turno. Criminalizar su accionar o policializar la respuesta sólo trae más violencia y convierte muchas veces el reclamo en ira. Los informes del Instituto Nacional de Derechos Humanos y de Human Rights Watch muestras señales irrefutables de violación de derechos humanos, así como de un entendimiento institucional del uso de la violencia como una solución rápida.

La crisis de legitimidad de Carabineros de Chile marcó la necesidad de una profunda reforma policial, que pusiera énfasis en el verdadero gobierno civil del sector. 

Por primera vez desde el retorno de la democracia en Chile, el tema policial se analizó desde la integridad y se pusieron en duda los altos niveles de autonomía, opacidad e impunidad. La pandemia le quitó momentum a este debate, los acuerdos por reforma se han ido transformando en acuerdos legislativos específicos. La certera y proactiva respuesta que han tenido las policias en el marco de la pandemia ha incrementado la confianza y validación de los ciudadanos en las principales encuestas de opinión. Proceso esperable que muestra que el trabajo policial es multifacético y que la ciudadanía a pesar de las complejidades del pasado, reconoce el rol de una policía que ayuda a la protección. La confianza en momentos de angustia, ansiedad y pandemia no debería entenderse como una carta en blanco para desarrollar estrategias comunicacionales y cambios menores.

Sin cambios estructurales en la forma en que se enfrenta la protesta social, es muy probable que ocurra un nuevo estallido. Tal vez no de forma masiva o en un sólo territorio, pero los hechos de protesta por las condiciones políticas, sociales y económicas se harán sentir en las calles de una u otra forma. Las condiciones políticas que permitieron la apertura de un nuevo espacio de diálogo se ven reflejadas en el acuerdo político que nos llevó a un itinerario de cambio constitucional. Esta agenda no puede quedar empantanada por la pandemia; muy por el contrario, las transformaciones urgentes de la carta constitucional que permitían construir un nuevo contrato social deben estar en la agenda de debate.

La debilidad estatal no sólo se ha visto reflejada en la carencia de un sistema de atención de salud primaria que permita una cobertura adecuada para toda la población, sino también en la ausencia de espacio de protección. Se trata de una situación que ha consolidado espacios grises, donde grupo informales o criminales cumplen roles de protección y asistencia dirigidos a personas de alta vulnerabilidad.

La ausencia del Estado es un escenario extremo que se observa en algunos contextos, en la mayoría de los barrios populares de Chile, donde el Estado está presente sólo en términos policiales, muchas veces reactivamente o con programas sociales que entregan bonos pero no construyen redes sociales. El estallido en los lugares donde el Estado juega este rol ambivalente (represión/abandono) sin duda tendrá expresiones y narrativas muy distintas para las que debería estar preparado el aparato estatal. Preparado no sólo con nuevos carros blindados o cámaras policiales de cuerpo, sino con la presencia efectiva de los sistemas de protección social, Post pandemia preocupa el abandono escolar, el consumo problemático de drogas y alcohol, los problemas de salud mental no tratados, entre otros múltiples factores que son reconocidos por su vinculación con el aumento de la violencia. No es clara cuál será la agenda de inversión en ninguna de éstas áreas.

En un futuro cercano tendremos que acostumbrarnos a una "nueva normalidad", nos han dicho los encargados de la agenda sanitaria. una normalidad que traerá cuidados especiales, distanciamiento social e incluso restricción de algunas prácticas que nos eran cotidianas. En nuestro contexto, avanzar con una efectiva reforma policial que evidencia que no habrá impunidad por la violencia utilizada el 2019, así como mostrar preocupación por la construcción de una legitimidad policial basada en la confianza y la percepción de trato justo es un elemento fundamental para evitar el posible escalamiento de violencia en el futuro. Mantener un cronograma de debate nacional, con verdadera y diversa participación en el marco constitucional, es muy relevante. El cronograma electoral tendrá que ser discutido en el marco de lo acordado; pensar en una alternativa política que elimine el plebiscito de ingreso, la definición del mecanismo o el plebiscito de salida podría ser entendida como un retroceso en los logros de la movilización ciudadana.

En la nueva normalidad, el derecho a la protesta deberá ser asumido por la sociedad en su conjunto. La protesta sin respuesta política podría terminar en violencia debido a la frustración o los intereses del algunos grupos. Está en las manos de los principales líderes políticos y sociales la tarea de involucrar a la sociedad, reconocer los problemas estructurales, avanzar en la agenda de transformación e inclusión. Así, el estallido social 2.0 no debe ser visto como una amenaza, sino como un recordatorio de que la búsqueda de la dignidad en la forma en que se desarrolla el país no es un evento episódico, sino un reclamo estructural que llegó para quedarse.

martes, 18 de agosto de 2020

CORONAVIRUS


¿Qué es el Coronavirus?

El Coronavirus es un grupo de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades mas graves como neumonía, síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y síndrome respiratorio agudo grave (SARS). Cabe destacar que la cepa de coronavirus (2019-nCoV) que ha causado el brote en China es nueva y no se había conocido previamente.

¿Qué es la COVID-19?

La COVID-19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto mas recientemente. Ambos eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

¿Cómo se originó el Coronavirus?

El 31 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió reportes de presencia de neumonía, de origen desconocido, en la ciudad de Wuhan, en China. Rápidamente, a principios de enero, las autoridades de este país identificaron la causa como una nueva cepa de coronavirus. La enfermedad ha ido expandiéndose hacia otros continentes como Asia, Europa y América. 

En cuanto a su comienzo, todavía no se ha confirmado el posible origen animal de la COVID-19.

¿Qué síntomas tiene el Coronavirus?

Los principales síntomas del virus coronavirus incluyen:

- Síntomas respiratorios (similares a los de un resfriado)
- Fiebre (alta temperatura)
- Tos seca
- Falta de aliento o cansancio 
- Dificultades respiratorias

En casos más graves, el virus puede causar neumonía o síndrome respiratorio agudo grave (SARS) que es una forma grave de neumonía, insuficiencia renal y hasta la muerte. En otros casos, algunas personas infectadas no desarrollan ningún síntomas pero puede contagiar igualmente al resto de la población. 

¿A quién afecta?

Hay casos confirmados de coronavirus en casi todo el mundo, incluyendo China, Europa (siendo Italia y España los primeros focos), Irán, Estados Unidos, África, Australia. La Organización Mundial de la Salud (OMS), y la Organización Paramericana de la Salud (OPS) han reconocido el estado de pandemia, que supone el desarrollo de esta enfermedad. Es por eso que los viajes se han visto restringidos y muchos países han cerrado sus fronteras, para tratar de evitar su expansión. 

¿Cómo se transmite el Coronavirus?

Según información de la OMS, el coronavirus se transmite por contacto de persona a persona con algún infectado (incluso si no presenta síntomas). Por ello, la mejor manera de evitar contraer este virus es siguiendo las buenas prácticas de higiene que incluyen: 

- Mantenerse alejado de las personas enfermas
- No tocarse la cara (boca, nariz u ojos)
- Mantener una distancia mínima de un metro con el resto de las personas (Distanciamiento Social)

- Lavarse las manos frecuentemente y a fondo por al menos 20 segundos, con un desinfectante para manos a base de alcohol o lávalas con agua y jabón. Es importante hacerlo incluso si no hay suciedad visible en las manos.

- Practique la higiene respiratoria. Esto significa cubrirse la boca y nariz con el codo o pañuelo doblado cuando toses o estornudas. Desecha inmediatamente el tejido usado

- Lávese las manos siempre después de toser o estornudar; si está cuidando a alguien; cuando está preparando alimentos, cocinando carnes y/o huevos. También después de comer; después de usar el inodoro, si sus manos están sucias, y/o ha estado cerca de una granja o animales salvajes.

- Quédese en casa y practique el aislamiento social o cuarentena 
- Quédese en casa si no se encuentra bien 
- Siga las indicaciones actualizadas de las autoridades sanitarias de su país.

Coronavirus en Chile

El primer caso de la pandemia de enfermedad por coronavirus en Chile se confirmó el 3 de marzo de 2020, cuando un médico de 33 años de la comuna de San Javier (Región del Maule) y pasajero de un vuelo procedente de Singapur, fue internado en el Hospital Regional de Talca. A partir de ese primer caso comprobado, el brote se extendió en el territorio nacional hasta alcanzar las dieciséis regiones del país. Actualmente, Chile es el país que más test PCR realiza por millón de habitantes en América Latina. 

El 18 de marzo el presidente Sebastián Piñera decretó el "estado de excepción constitucional de catástrofe" por 90 días. El 15 de junio, y mediante el decreto supremo 104 de 2020 del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, prorrogó dicho estado por 90 días más.

Por otra parte, generó polémica la declaración del ministro de salud Jaime Mañalich, quien afirmó la contabilización de los muertos por la pandemia como recuperados y la exclusión de los asintomáticos del recuento de los contagiados. Ambos datos fueron posteriormente corregidos o ampliados. Luego, un informe publicado por Ciper indicó que el Minsal reportaba a la OMS un mayor número de fallecidos que la informada en Chile, sin embargo, desde el ministerio explicaron que tal diferencia se debía a que el reporte había incluido a casos sospechosos y probables. Como consecuencia de lo anterior, el ministro Mañalich renunció a su cargo y fue reemplazado por Enrique Paris.

La pandemia de enfermedad por coronavirus de 2020 en Chile está en curso. Desde el 3 de marzo, cuando se confirmó el primer caso positivo de COVID-19 en el país, se ha producido una serie de sucesos y medidas, tales como las planificaciones sanitarias y sociales, y la implementación del instrumental necesario con el fin de evitar, contener o reducir su secuela en todos los ámbitos a nivel país. 

Durante el brote en Chile, muchos eventos programados han sufrido la suspensión indefinida, la postergación no del todo definida, la disminución en su intensidad o incluso un cambio de paradigma (teleducación, telemedicina y teletrabajo).


 

sábado, 15 de agosto de 2020

Estallido Social


El Estallido Social es el nombre que recibe una serie de manifestaciones y disturbios originados en Santiago y propagados a todas las regiones de Chile, con mayor impacto en las principales ciudades como el Gran Valparaiso, Gran Concepción, Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Rancagua, Chillán, Valdivia, Osorno, Puerto Montt y Punta Arenas, desarrolladas principalmente entre octubre de 2019 y febrero de 2020.

La causa inmediata de estos sucesos fue el alza en la tarifa del sistema público de transporte de Santiago, que entró en vigor el domingo 6 de octubre de 2019. Tras el aumento de las tarifas, centenares de estudiantes se organizaron para realizar actos de evasión masiva en el Metro de Santiago. Con el paso de los días, el número de evasores aumentó y se registraron incidentes dentro de las estaciones del ferrocarril subterráneo. La situación se agravó el día viernes 18 de octubre de 2019, cuando progresivamente fueron cesadas las operaciones de toda la red subterránea por el enfrentamiento de la multitud con Carabineros, lo cual llevó al entonces ministro del interior Andrés Chadwick, a interponer querellas por delitos contemplados por la ley de Seguridad del Estado contra quienes hubieren cometido daños, saqueos e incendios.

Como consecuencia de ello, la noche del viernes 18 de octubre comenzaron a aparecer varios focos de protestas, saqueos y disturbios violentos a lo largo del país, por lo cuál, en la madrugada del sábado 19 de octubre, el presidente Sebastián Piñera decretó estado de emergencia en las comunas del Gran Santiago y toque de queda a partir de la noche del sábado 19. La situación se extendió pocas horas después a otras cinco regiones del país, y ya para el día 23, el estado de emergencia había sido declarado en quince de las dieciséis capitales regionales. 

De acuerdo a varios analistas, las protestas se han caracterizado por ausencia de líderes y la incorporación, en distintos niveles, de un amplio espectro social, desde la clase baja a la media alta. Aunque la causa inmediata puede atribuirse al alza tarifaria del transporte público, las concentraciones populares pronto expusieron sus causas mediatas; el alto costo de la vida (hasta 2019 Santiago es la segunda ciudad mas onerosa de Latinoamérica), las bajas pensiones, precios elevados de fármacos y tratamientos de salud, y un rechazo generalizado a toda la clase política y al descrédito institucional acumulado durante los últimos años, incluyendo a la propia Constitución de ese país.

Tanto por el nivel de daño a la infraestructura pública, el número de manifestantes, cuanto por las medidas adoptadas por el gobierno, las protestas han sido catalogadas como el "peor malestar civil" ocurrido en Chile desde el fin de la Dictadura de Augusto Pinochet. Hasta el momento se han confirmado 32 fallecidos, principalmente asociados a incendios (15 casos), enfrentamientos entre ciudadanos (7 casos), o con uniformados (5 casos), además hay mas de 3.400 civiles hospitalizados producto de enfrentamientos, y 2.000 carabineros lesionados en distintos grados. El Instituto Nacional de Derechos Humanos ha identificado mas de 3.400 civiles hospitalizados durante el movimiento, mientras ha cifrado en 8.812 los detenidos que han logrado visitar, además ha denunciado casos de tortura y otras vejaciones por parte de las Fuerzas Armadas y de Orden. Las investigaciones realizadas por organizaciones como Amnistia Internacional, La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Human Rights Watch y la Oficina de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han determinado la ocurrencia de graves violaciones a los derechos humanos, cometidas por funcionarios del Estado chileno, el gobierno, en tanto, ha reconocido la existencia de algunos casos puntuales de exceso policial pero ha descartado la ocurrencia sistemática de estos.

Las pérdidas económicas de estas protestas se estiman en 3.300 millones de dólares, considerando daños a la propiedad pública y privada, mientras 100.000 a 300.000 puestos de trabajo se habrían perdido. El peso chileno sufrió una fuerte devaluación, pasando de CL$ 710 previo a la crisis a un máximo histórico de CL$ 838,33 por dólar a mediados de noviembre de 2019. También se estiman que las protestas restarán un punto porcentual de crecimiento económico para el país entre 2019 y 2020.

En respuesta a las manifestaciones, el gobierno de Sebastián Piñera ha anunciado una serie de medidas, denominada "Nueva Agenda Social", que incluye medidas relacionadas a las pensiones, la salud, los salarios y la administración pública. De igual forma, ha promovido una agenda de seguridad que incluye proyectos antivandalismo y de reconstrucción. El 15 de noviembre, un acuerdo transversal entre Gobierno y Congreso, y firmado por la mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria, acordó la convocatoria de un plebiscito nacional en abril del 2020, posteriormente reprogramado para octubre, para definir si se redactará una nueva Constitución Política y qué mecanismo será utilizado.